IGLESIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

SU FÁBRICA

Esta parroquia surgió de la ampliación de la villa y aumento de su población experimentada en los siglos XII y XIII. Se hallaba junto a las murallas, aunque no adosada a ellas, pues las separaba la Corredera del Espolón.
En el siglo XIIIse inicia la edificación de la iglesia por el ábside al estilo gótico, con pináculos y gárgolas aladas que miraban al Espolón. Los ventanales contenían reminiscencias románicas. Era época de transición y el viejo estilo dejó su impronta en algún elemento constructivo de la obra.
La iglesia de La Trinidad constaba de dos naves, cuyo suelo quedaba por debajo de la calle de la Corredera. Aunque de distinta altura, se comunicaban por dos arcos apuntados con robustas columnas. El entablado de su pavimento se alternaba con losas sepulcrales.
La nave Mayor iba desde el altar mayor hasta el coro. Al presbiterio se accedía bajo un amplio arco gótico, mientras que en el tramo hacia el coro, de mayor amplitud, se cerraban sus bóvedas con arcos de medio punto. El lado sur del crucero sobresalía de la planta de esta nave y se iluminaba a través de una gran vidriera redonda, a modo de rosetón.
La otra nave, situada a la derecha de la mayor, dedicada a Nuestra Señora del Rosario, transcurría desde la capilla de su advocación hasta la puerta de la Calastra. Era de menor altura y estuvo cubierta por un artesonado de madera asentado en grandes vigas madre.
La primitiva puerta, llamada de San Lázaro, estaba situada a los pies de la iglesia y orientada al oeste. De construcción sencilla, su portada era de estilo románico tardío y la protegía un soportal. Se accedía a través de unas gradas, debido a la pendiente de la rambla que la precedía.
Posteriormente se abrió otra puerta orientada al sur, conocida como de los Perdones. Con aires renacentistas, fue la puerta principal durante los siglos XV al XVIII. Estaba precedida de un atrio empedrado de canto, con unos escaños para sentarse. Su portada se sustentaba en columnas, tenía una campanilla y su arco exterior estaba decorado con salientes piramidales (dientes de lobo).
La torre se hallaba a los pies del templo, formando continuidad con la fachada de la puerta de San Lázaro. En esta parte de la iglesia se situaba, además, un salón que serviría para los cabildos de la parroquia. Supuestamente, bajo la torre se ubicaría una pila bautismal datada en 1592, que aún se conserva.
A principios del siglo XIX, la torre se declaraba en mal estado y hubo que demoler el último cuerpo, afectado posiblemente por el terremoto de Lisboa de 1755. Hacia 1829 se reconstruyó el cuerpo del campanario, donde se situaban dos campanas muy grandes y otras dos más pequeñas.

CAPILLAS Y CLAUSTRO

La capilla Mayor o presbiterio contaba con unas gradas para subir al altar donde se hallaba el retablo dedicado a la Santísima Trinidad. El espacio se iluminaba a través de los vanos de cuatro estilizadas ventanas.
La capilla del Rosario tenía una campana en su tejado y estaba comunicada con la capilla mayor a través de un arco, donde se situaba el enterramiento de los Ortiz con su escudo de armas datado en 1557. Disponía de un retablo con camarín que acogía la imagen de Ntra. Sra. del Rosario.
Entre ambas capillas –Mayor y del Rosario- se hallaba la sacristía, que era una estancia rectangular adosada al ábside por el exterior, junto a la Corredera.
En el presbiterio, del lado de la Epístola, debió ubicarse la capilla del Santísimo Cristo (o de las Angustias). Accediendo por una grada, se hallaba la efigie de Ntro. Señor Jesucristo con una cortina negra.
La capilla de Santa Ana pudo situarse junto al altar mayor, cuando en 1725 se hizo el colateral del lado del Evangelio de limosna de la feligresía. En su retablo estaban en grupo la Virgen niña y sus padres: San Joaquín y Santa Ana.
Esta obra debió afectar a la capilla del Rosario y en 1755 se mandó componer toda su bóveda, así como acometer una importante reforma en el presbiterio con la compra del retablo mayor a la parroquia de Sotillo.
La capilla de San Felipe y Santiago el Menor se conocía por la de Alonso Fernández (párroco en 1518), al haber fundado una capellanía en ella. También, a lo largo de los siglos, existieron altares y mármoles bajo distintas advocaciones como: San Gregorio, San Marcos, San Bartolomé, San Miguel, San Antonio, San Gil, San Roque y San José.
Al norte, junto a un atrio, se situaba el claustro, al que se accedía a través de su específica Puerta de la Calastra. Pudo tratarse de un sencillo patio interior, teniendo en cuenta la categoría de esta parroquia. Doce cipreses indicaban que el claustro hacía de camposanto.

SU HISTORIA

En esta iglesia fue expuesto al pueblo el cuerpo del Cardenal Cisneros, tras su fallecimiento el 8 de Noviembre de 1517, antes de su traslado al Colegio de San Ildefonso, de Alcalá de Henares. Contaba 81 años.
En sus libros parroquiales abundaban los feligreses con ese apellido durante los siglos XVI y XVII, hecho que se añade a la tradición que afirma que el Cardenal, de niño, estudió en Roa, al cuidado de un tío suyo beneficiado de la parroquia.
En su pila fue bautizado, en 1534, el Arzobispo de Granada y Sevilla, D. Pedro de Castro y Quiñones, natural de Roa.
La antigua parroquia fue suprimida el 1 de junio de 1896, aunque sus libros recogieron datos de la feligresía hasta el 15 de noviembre de 1905, fecha del último registro parroquial.

SUS RENTAS Y PATRIMONIO

La fábrica y curato de la parroquia tenía otorgados 37 censos a diversos particulares y, a lo largo del tiempo, llegó a tener once capellanías y dos beneficios servideros: uno Mayor o Vicario y otro Menor.
También disponía de los denominados Tercios de Trinidad , compuestos por un lagar de 75-85 carros, una panera o troje bajo el lagar y una lagareta contigua. Se hallaban a continuación del claustro, con entrada por la calle de los Balcones.
Dispuso de una bodega en la calle la Paloma (hoy Sto. Domingo, 58) en la que tenía dos cubas propias y otra de la cofradía del Rosario.
Las rentas de sus bienes y fundaciones eran percibidas cada dos años, al realizarse las cuentas de la Mesa Capitular. En los tercios que se hacían de sus diezmos participaba el Rey en vez del Conde de Siruela. Hacia mediados del siglo XIX funcionó como ayuda de parroquia para la fábrica de Santa María.
Las alhajas de Trinidad eran esencialmente de plata y sufrieron varios expolios por los franceses, durante la Guerra de la Independencia y después, en las Guerras Carlistas, se llevaron a Burgos piezas de las tres parroquias.
El grueso de los bienes de La Trinidad fue intentado desamortizar entre 1843- 1856 y definitivamente en 1870.
Parte de sus obras de arte se hallan en la iglesia de San Esteban, excepto la Virgen del Rosario, un crucifijo de marfil y la Santísima Trinidad (Padre Eterno, Crucifijo y la Paloma), que se trasladaron a la Colegiata de Santa María.

SU DECADENCIA

A finales del siglo XIX era manifiesto el estado ruinoso del templo. A pesar de las diversas reparaciones y retejos, llegó el momento en que parte del edificio sucumbió al paso de los siglos.
El 19 de Marzo de 1901 se desgajó la pared de los pies de la iglesia y, al parecer, también la torre o parte de ella. Desafortunadamente el derrumbe coincidió con una especie de vacío de poder en el ayuntamiento, al haber fallecido el alcalde el 20 de febrero.
A principios de 1904 el ayuntamiento manifiesta al Obispado que ordene su venta o demolición. Para 1906 se hace el vallado de la fachada afectada y se manda cerrar todas las entradas de la iglesia.
Siendo D. Silverio Velasco su presbítero coadjutor regente (1908-1910), se abrió una colecta para su reedificación, pero en el Obispado se dijo que sólo la Colegiata interesaba. En 1910 se arruinó la sacristía y se trasladaron las imágenes a la iglesia de San Esteban.
A finales de 1918 el Obispado autorizaba al Ayuntamiento para que, de acuerdo con el párroco, se procediese al derribo de las ruinas de Trinidad. En el fondo todo fue por la piedra, ya que con el nuevo año era solicitada y concedida por cientos de metros cúbicos para obras particulares.
Pocos años más tarde, en 1924, el delegado gubernativo de Roa autorizó al alcalde para que procediese al derribo de las bóvedas de Trinidad. Por último, en 1926, el Obispo de Osma anunció que el templo se hallaba sin esperanza de reedificación.
En 1928 se formalizó la cesión, por parte del Obispado de Osma, del solar de Trinidad, para levantar en él un edificio para tres escuelas: niños, niñas y párvulos. Con este fin, en 1931, el ayuntamiento ofreció al Estado este solar.
Las obras se iniciaron en mayo de 1934 con la demolición de lo que quedaba de la iglesia, pero la Guerra Civil y hasta dos hundimientos en el proceso de construcción, ralentizaron la obra durante una década.
En noviembre de 1945 pudieron ocuparse algunos pabellones escolares y, finalmente, en marzo de 1948 se daba el visto bueno a las obras de terminación. Recibieron el nombre de “Grupo Cardenal Cisneros” e inauguradas oficialmente el 5 de junio de aquel año.